Desde Dalías. Un final de curso para agradecer, aprender y celebrar.

 

Hemos vivido una semana especialmente intensa y llena de motivos para dar gracias con la que hemos puesto el broche final al curso en Dalías.

Comenzamos aprovechando la visita de nuestra hermana Mercedes Méndez, que impartía una formación en el colegio vecino de Berja sobre el método Venid y Veréis. Su generosidad nos permitió compartir también unas horas de formación con nuestros catequistas y los monitores de Asuntillos.

Fue un espacio de aprendizaje, reflexión y renovación. Aprendimos nuevas claves para narrar historias que no son cualquier historia, sino la gran Historia de la Salvación, con un lenguaje capaz de llegar al corazón de niños y jóvenes. Seguir anunciando el Reino a las nuevas generaciones es un reto apasionante que forma parte de nuestra misión educativa y evangelizadora y que vivimos con alegría desde el carisma de la Asunción.

 

También hemos tenido el último encuentro de DaliAsuntillos con las familias, en el que concluimos la celebración del décimo aniversario de Asuntillos en Dalías.

Mirar atrás es contemplar con gratitud todo lo vivido. Lo que comenzó hace diez años como una sencilla iniciativa se ha convertido en un espacio donde la fe, la amistad y la vida se entrelazan de forma natural, dejando una huella  en quienes forman parte de esta gran familia.

La celebración fue también un reflejo de ese camino recorrido. Los niños y niñas, auténticos protagonistas de Asuntillos, prepararon con ilusión cada detalle: tarjetas, carteles y la decoración de las mesas fueron fruto de su creatividad, de su cariño y del trabajo realizado a lo largo de todo el curso.

Durante la oración compartida vivimos uno de los momentos más significativos de la jornada. Dimos gracias por el curso 2025-2026. Fue un momento sencillo, pero profundamente emocionante, en el que sentimos que Dios ha acompañado cada paso de este camino.

Como no podía ser de otra manera, la fiesta concluyó alrededor de una gran paella compartida. Más que una comida, fue un signo de la comunión que hemos ido construyendo durante estos años. Ver a niños, familias, monitores y premonitores disfrutando juntos, riendo y celebrando, nos recordó que el Reino también se hace presente en esos gestos cotidianos que crean comunidad.

El culmen de este final de curso ha sido renovar el compromiso para seguir caminando juntos. Otro momento de profunda alegría para nuestra Comunidad de Asunción Juntos. En la celebración de las II Vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, Lola Pedrosa renovó su compromiso con el Camino de Vida.

Su renovación fue para todos un hermoso signo de fidelidad y de esperanza. En una Iglesia que desea caminar unida, renovar el «sí» al Señor es también renovar el deseo de seguir haciendo del Evangelio el horizonte de la propia vida y de continuar construyendo comunidad desde el espíritu de la Asunción.

Tras la celebración compartimos un sencillo tiempo de fraternidad alrededor de la mesa. La conversación serena, la alegría de encontrarnos y la acción de gracias por el camino recorrido prolongaron la celebración en un ambiente familiar, recordándonos que la fe se fortalece también en la cercanía, el compartir y la amistad.

Al concluir estos días, nuestro corazón solo puede pronunciar una palabra: gracias. Gracias a Dios por tanto bien recibido; gracias a quienes, con su tiempo, su entrega y su ilusión, hacen posible que la misión siga creciendo; gracias a las familias, a los niños, a los catequistas, a los monitores y a todos los miembros de Asunción Juntos que continúan creyendo que merece la pena caminar juntos.

Terminamos el curso con el corazón lleno de gratitud y la mirada puesta en el futuro, convencidos de que el Señor sigue llamándonos a anunciar su Reino y a construir, desde la sencillez de cada día, una comunidad donde todos puedan sentirse acogidos, queridos y enviados.