Huellas de una visita histórica. Lo que vivimos junto al Papa León XIV

 

 

“Este fin de semana de encuentro con el Papa ha sido una invitación a mantenernos firmes en la fe, confiando en Cristo y dando testimonio de Él en nuestra vida cotidiana. Hemos recordado que la Eucaristía es el alimento que fortalece nuestro camino, enciende nuestro corazón y nos ayuda a vivir con esperanza y alegría. Su mensaje nos anima a ser protagonistas de un mundo mejor, recordándonos que cada uno de nosotros tiene la capacidad de transformar la realidad que le rodea. Como nos dijo el Papa: «Vosotros podéis cambiar la historia: hacedlo con el corazón», poniendo siempre el amor, la fe y el servicio en el centro de nuestras acciones”.

Grupo de profesores de Asunción Ponferrada

 

“Ha sido una experiencia maravillosa, me lo he pasado genial, he disfrutado mucho de todo el fin de semana, he conectado con Dios más que nunca, he conocido a gente maravillosa y he aprendido un montón de todos, un fin de semana para recordar, uno que jamás olvidaré, gracias por todo”.

Gala, alumna de Cuestablanca

 

“Alzad la mirada”

“Con estas palabras comenzó un encuentro de la Asunción que reunió a jóvenes de Gijón, Málaga, Ponferrada, Madrid y otros lugares de España. Un fin de semana de convivencia, oración y preparación para la visita de León XIV, en el que pudimos experimentar que, aunque venimos de realidades diferentes, formamos una sola Iglesia y que la fe, cuando se comparte, se hace más grande.

 

Tras una misa compartida, en la que reflexionamos sobre la importancia de salir de nosotros mismos y poner nuestros dones al servicio de los demás, llegó uno de los momentos más esperados: la caminata hacia la vigilia y el encuentro con el Papa. Durante la celebración se nos recordó que la vida es un regalo de Dios y que estamos llamados a vivirla plenamente, agradeciendo todo lo recibido y poniéndolo al servicio de quienes nos rodean. Porque los dones no nos han sido dados para guardarlos, sino para compartirlos. Fue un mensaje que conecta profundamente con aquello que intentamos vivir cada día en la Asunción: crecer como personas para poder entregarnos mejor a los demás.

 

La espera bajo el sol se hizo larga por momentos, pero curiosamente nadie parecía darle demasiada importancia. Todos sabíamos para qué estábamos allí y eso hacía que cualquier incomodidad quedara en un segundo plano.

 

Miles de jóvenes reunidos por una misma causa: la fe. Y es que la fe mueve montañas. Fue imposible no emocionarse al contemplar aquella multitud unida en la oración, la alegría y la esperanza. Reconozco que hubo momentos en los que se me puso la piel de gallina al mirar alrededor y darme cuenta de que no estábamos solos, de que somos muchos los jóvenes que seguimos creyendo y buscando la verdad de Dios.

 

Durante su mensaje, León XIV nos invitó una y otra vez a “alzar la mirada”. A no quedarnos encerrados en nuestros miedos, preocupaciones o comodidades, sino a mirar más allá y descubrir la presencia de Dios en nuestra vida. Nos habló también del silencio, algo que me hizo pensar. Vivimos en la era de la inmediatez, rodeados de ruido, prisas y pantallas y, sin embargo, Dios muchas veces nos habla bajito, pero al corazón. Quizá por eso necesitamos aprender a parar para escuchar y no vivir constantemente corriendo.

 

Nos recordó que nadie está solo cuando camina con Jesús y nos animó a ser jóvenes auténticos, capaces de buscar la verdad, vivir con alegría y preocuparnos por quienes tenemos cerca. Una de las ideas que más resonó durante la vigilia fue la invitación a ser “chispa de una humanidad nueva”. Frente a la indiferencia, la mentira o la división, el Papa nos animó a alzar la mirada, hacer silencio para escuchar a Dios y ponernos al servicio de los demás, siendo luz y esperanza allí donde estemos.

 

Como profesora y educadora, hubo palabras que resonaron especialmente dentro de mí. La llamada a acompañar, a escuchar de verdad y a ayudar a otros a descubrir lo mejor de sí mismos. Muchas veces pensamos que evangelizar consiste en hacer grandes cosas, pero este encuentro me recordó que empieza en lo cotidiano: en una conversación, en una mirada, en el tiempo que dedicamos a quien lo necesita o en el cariño con el que realizamos nuestro trabajo cada día.

 

Al día siguiente, en la celebración del Corpus Christi, volvimos a escuchar una llamada muy clara: la fe no puede quedarse callada ni convertirse en una simple tradición. Jesús sale a nuestro encuentro y nos envía también a nosotros a salir al encuentro de los demás, especialmente de quienes más lo necesitan.

 

Después de este fin de semana intenso, vuelvo a casa con el corazón lleno de gratitud. Me llevo momentos, personas, canciones, silencios y muchas preguntas. Pero también algunas certezas: que la Iglesia está viva, que los jóvenes tenemos mucho que aportar y que el amor de Dios sigue haciéndose presente en medio de nosotros.

 

Quizá ese sea el mayor regalo de estos días: descubrir que somos muchos los que seguimos creyendo, soñando y queriendo construir, junto a Dios, un mundo mejor. Porque, al final, como tantas veces escuchamos durante este encuentro, el amor siempre vence”.

 

Ana Mata, colegio La Asunción, Gijón

 

“La visita del Santo Padre ha sido para mí un regalo inmenso y una experiencia profundamente transformadora. He sentido una gran inyección de esperanza y una llamada fuerte a no quedarme en lo superficial, sino a levantar la mirada hacia Dios y descubrir su presencia en medio de nuestra realidad y especialmente en los más frágiles.

Desde el primer momento, Madrid respiraba algo distinto. Ver las calles llenas de peregrinos de tantos lugares del mundo me hizo sentir la belleza de una Iglesia viva, joven y universal, unida no por ideologías, sino por el deseo sincero de encontrar a Cristo.

Uno de los momentos que más me impresionó fue la vigilia: el silencio lleno de Dios, miles de personas arrodilladas ante Jesús, me hizo experimentar que el corazón humano tiene verdadera sed de Él. También la celebración del Corpus Christi me ayudó a redescubrir que la Eucaristía no es una tradición lejana, sino una presencia viva que transforma nuestra vida y nos impulsa a llevar esperanza al mundo. Algo que me tocó mucho: sed vosotros la chispa de una nueva humanidad.  La fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad, esta es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. Vosotros podéis cambiar la historia.! ¡Hacedlo con el amor!

El encuentro en el Santiago Bernabéu fue una explosión de alegría y comunión. Sentí con fuerza la invitación a vivir la unidad en la diversidad, a aprender a “cantar juntos” como Iglesia, y a ser testigo creíble del Evangelio con una alegría que nace del amor de Dios.

Muy emotivo fue también el encuentro de los voluntarios con el Papa. Sus palabras de agradecimiento me hicieron valorar el servicio sencillo y escondido, recordándonos que hay más felicidad en dar que en recibir.

Como familia Asunción, esta experiencia tuvo además un significado muy especial. Sentí profundamente la alegría de caminar juntos, unidos por un mismo espíritu y una misma misión. Fue una verdadera gracia compartir estos días con hermanas, jóvenes y laicos que desean vivir el Evangelio desde la cercanía, la sencillez y el servicio. Me emocionó descubrir cómo nuestro carisma sigue vivo y cómo, desde pequeños gestos cotidianos, podemos seguir sembrando esperanza, fraternidad y humanidad en el mundo. Sentí que, como familia Asunción, estamos llamados a ser una presencia acogedora y valiente, especialmente entre los jóvenes y los más vulnerables, haciendo visible el amor de Dios allí donde estamos.

Regreso a mi comunidad con el corazón lleno de gratitud, alegría y esperanza renovada, con el deseo de seguir siendo presencia cercana y testigo valiente del Evangelio. Y, como decía al final Don José Cobo, siento que del corazón solo puede brotar el Magníficat: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”, dando gracias por todo lo vivido y por todo lo que el Señor sigue haciendo en medio de nosotros”.

Bego Vila, ra

 

“Despertar la pregunta sobre Dios. Desde las experiencias de belleza, desde la ciencia, el arte, la profesión vivida como vocación. Desde los valores transmitidos y recreados en la educación, en el deporte. Tejer redes, buscar juntos, centrados en la dignidad de cada ser humano. Y la pregunta del Papá qué nos cuestiona y moviliza: ¿qué herencia estamos dejando al futuro y qué tipo de comunidad estamos construyendo? Experimentamos esa tarde de lo que somos capaces cuando tejemos juntos, cuando entrelazamos nuestros hilos diversos, cuando dejamos que la pregunta, el asombro, la belleza, nos saquen de nosotros mismos y nos vuelvan, comunitariamente, hacia Dios”.

Movistar Arena, Tere Ortuño

 

“Para mí, la experiencia de la visita del Papa fue muy conmovedora, con muchas emociones encontradas. El encuentro con los demás colegios de la Asunción en Santa Isabel fue muy bonito, muchos conectamos rápidamente e hicimos amigos de distintas partes de España, como Gijón, Dalías, Vallecas …

 

Lo que más me emocionó fue ver a todos alzando la mirada y comprobar que, por muy diferentes que fuéramos, todos estábamos reunidos por lo mismo por Él. También me impresionó observar la fuerza que puede llegar a tener la juventud del Papa”.

 

Carolina Márquez González, alumna de Málaga

 

 

“¡Hola! Escribo con emoción para contar el increíble viaje que mi hijo Blas y yo acabamos de hacer a Madrid.

 

Salimos de Dalías con un espíritu limpio, con una ilusión enorme y con muchísimas ganas de vivir esta experiencia. Todavía estamos asimilando todo lo que vivimos estos días, pero sé que es un recuerdo que nos va a unir para siempre. El motivo principal del viaje era ver al Papa. Estar allí, en medio de tanta gente y ver a Blas tan entusiasmado con tantos jóvenes de su edad, ha sido un regalo maravilloso para mí como madre.

 

Además, íbamos con el grupo de Dalías Asunción, donde éramos 9 personas muy distintas: una hermana religiosa, dos señoras de Huércal-Overa, tres jóvenes y, entre las que me incluyo, tres mujeres de más de 50 años. ¡Un grupo de lo más variado! Las señoras de Huércal-Overa eran súper divertidas y habladoras, lo que hizo que nuestro viaje fuera de lo más ameno. Por su parte, los jóvenes viajaban en otro coche con Lola, que es incansable, y con Mari Carmen, que es muy divertida.

 

El ambiente que se respiraba en Madrid, las palabras del Papa y la cara de asombro de mi hijo al vivir algo tan importante me han dado una paz enorme. Me alegra muchísimo ver que, con 16 años, ha podido conectar con una Iglesia tan viva, alegre y cercana. Pero este viaje no habría sido lo mismo sin lo bien que nos trataron las Religiosas de la Asunción. Nos quedamos en su colegio de Madrid, que abrió sus puertas para recibir a los peregrinos como si estuviéramos en nuestra propia casa. Desde el primer momento en el colegio, las hermanas y los voluntarios fueron súper cariñosos con nosotros. No solo nos dieron un sitio cómodo y seguro para descansar después de las largas caminatas y las horas de espera, sino que nos recibieron con los brazos abiertos. Nos hicieron sentir a Blas y a mí parte de su familia. Compartir con ellas ratos de oración, charlas y ver cómo se desvivían por ayudarnos nos demostró lo que es la fe de verdad.

 

Al regreso, nos hemos dado cuenta de que todas las ilusiones con las que nos fuimos se han cumplido con creces. Ha sido un viaje profundamente enriquecedor: por supuesto por la oportunidad de ver al Papa, pero también por la maravillosa compañía de las personas que integramos este grupo, compartiendo momentos inolvidables de risas, de reflexión y de verdadero encuentro.

 

Volvemos a casa cansados por el palizón del viaje, pero con el alma llena. Hemos cumplido el sueño de ver al Papa, pero también hemos sentido el cariño de Dios en la hospitalidad de La Asunción. Ha sido un viaje perfecto de madre e hijo que nunca vamos a olvidar. Doy Gracias a Dios por lo vivido”.

 

Mercedes, Dalías

 

“La visita del Papa León XIV ha sido una experiencia verdaderamente inolvidable para todos los que hemos tenido la oportunidad de vivirla. Han sido días llenos de alegría, fe y encuentro, que permanecerán para siempre en nuestra memoria.

 

Además de la emoción de poder ver y acompañar al Santo Padre, esta peregrinación nos ha brindado la oportunidad de compartir momentos con personas que comparten nuestra misma fe y nuestros mismos ideales. También ha sido una ocasión muy especial para reencontrarnos con amigos y compañeros de distintas ciudades, a quienes vemos con poca frecuencia, pero por quienes sentimos un gran cariño.

 

La presencia de León XIV ha hecho de este viaje algo único y profundamente significativo. Entre celebraciones, convivencias y momentos compartidos, hemos vivido una experiencia que muchos consideramos una de las más bonitas desde que formamos parte de esta gran familia.

 

A pesar del esfuerzo del viaje, cada momento ha merecido la pena. Regresamos a casa con el corazón lleno de gratitud, alegría y recuerdos imborrables de un fin de semana excepcional que recordaremos siempre con muchísimo cariño.

 

Mario, Blas, Gabriel M. alumnos de 1° Bachillerato, Dalías

 

“Personalmente, me llevo una reflexión muy importante de estos días. He descubierto que una de las formas en las que más me encuentro con el Señor es sirviendo a los demás. Cuando ayudo, colaboro o dedico mi tiempo a otras personas, siento que Dios está presente y actúa.

 

El viernes, al salir del colegio, comentaba con algunos compañeros que este fin de semana iban a pasar COSAS (con mayúsculas). Y no me equivocaba. He visto despertar corazones, he visto a personas encontrarse, compartir, ayudar y vivir con alegría experiencias muy especiales. También en el encuentro de los colegios de La Asunción pude experimentar la alegría de sentirnos familia, unidos por la fe y por el deseo de caminar juntos.

 

Escuchando al Papa hablar del amor escondido de tantos voluntarios, he comprendido mejor que el servicio no es solo hacer cosas por los demás, sino una forma concreta de vivir el Evangelio y de encontrarme con Dios.

 

A mí me han pasado muchas cosas estos días, pero quizá lo más importante ha sido ver cómo también les pasaban a los demás. Y en todo ello he descubierto algo muy sencillo: quien pasa de verdad es Cristo”.

 

Pilar Muñoz, profesora de Asunción Vallecas