Hace un año... en Filipinas

Experiencia en Filipinas 2019.

Hoy, hace un año, hubiéramos estado preparando visado y maleta para partir a Filipinas. Después de estos difíciles meses que hemos vivido me he parado muchos días a pensar en lo afortunados que fuimos al poder vivir esta experiencia. Dos personas que, aunque no se conocían, tenían una misión común: dar todo lo que fuera posible a quien lo necesitara. Así fue, como Juanma y yo salimos de Málaga rumbo a Manila cargados de ganas e ilusión. Aterrizamos y llegamos al centro Missionaries of the Poor, donde cuidaríamos a niños con parálisis cerebral durante nuestro tiempo allí. Aunque no sabíamos lo que nos esperaba, nuestras expectativas se cumplieron con creces. Los primeros días fueron duros, pero realmente conocí así el significado de lo que es el verdadero amor. Todo lo que hacían las chicas que trabajaban en el centro por los niños lo hacían con una sonrisa, una motivación y unas ganas de comerse el mundo que puedo afirmar que nunca antes había presenciado. Y todo era por ellos, todo era para ellos, y eso es increíble. Siempre pensaré que la sonrisa del corazón tiene un precio infinito que nunca nadie podrá pagar con dinero y allí me recordaban esto cada día, cada hora y cada minuto. Hoy, desde aquí me encantaría poder cerrar los ojos y aparecer allí, donde poder mirar de nuevo a unos ojos que brillen con una luz que te llene de alegría solo con una mirada. Hay días en los que me sale una sonrisa solo de pensar en los niños y en lo feliz que me hicieron.

Aunque no siempre, muchas veces los sueños sí que se cumplen, y yo, el año pasado cumplí uno de mis sueños, donde pude descubrir que los héroes existen y no siempre llevan capa. Siempre les decía que eran como pequeñas estrellas que brillan muy fuerte para poder dar luz y guiar a los demás y así es como ahora, cuando miro al cielo muchas noches, veo reflejadas sus sonrisas y me dan la fuerza para seguir cuidando lo que me llena y aprendiendo de cada situación. Vaya donde vaya los tengo presentes y no hay nada que me haga más feliz que poder hacer videollamada con ellos y verles las caritas de felicidad. Lo que allí aprendimos no se puede expresar, pero tampoco se puede olvidar, por eso en cualquier situación, me recuerdan que no hay mayor error que no hacer nada por creer que se hace muy poco y que es una locura no ser lo que se es con la mayor plenitud posible. Es increíble lo que se siente cuando alguien cree en ti sin apenas conocerte y sabe cuidarte, valorarte y ser capaz de hacerte feliz. Espero recordar para siempre lo bonita que puede ser la vida y que los pequeños detalles son los que marcan la gran diferencia. Espero con muchas ganas el día en que volvamos a vernos. Gracias por existir y por demostrar cada día el verdadero sentido de la vida.