Capítulo de Navidad 2018

De nuestra hermana Rekha M. Chennattu, Superiora General

Muy queridas hermanas y amigos,

La Navidad está ya muy cerca y estamos anhelando su celebración. El misterio de la Encarnación tuvo un papel muy importante en la vida espiritual de Santa María Eugenia. Esta es nuestra primera Navidad tras el Capítulo General en el que se nos ha invitado a vivir dejándonos guiar constantemente por Dios, a ahondar en la comunión entre nosotros y a ir a las periferias. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para compartir algunas de mis reflexiones sobre la Navidad, basadas en lo que dicen los Evangelios a cerca del nacimiento de Jesús y cómo celebrarlo este año.

EVANGELIOS Y NAVIDAD

Cada evangelista traza un retrato diferente de Jesús y de sus orígenes. Marcos comienza con el bautismo de Jesús y guarda silencio sobre su nacimiento. Mateo describe el nacimiento y la infancia de Jesús, de manera que en muchos aspectos se asemeja a los relatos del nacimiento y la vida de Moisés. Jesús nació en Belén, pero tuvo que escapar a Egipto cuando el rey Herodes trató de matarlo, de igual manera que el faraón egipcio intentó matar a Moisés. Mateo representa a Jesús como hijo de la virgen María, cuyo nombre será Enmanuel - Immanu El, que significa "Dios con nosotros" (Mt. 1, 22-23). Según el evangelista Lucas, la primera Navidad fue un día agotador, de mucha ansiedad y desasosiego, un día de soledad para la joven pareja formada por María y José, porque no encontraban un lugar dónde pasar la noche (Lucas 2, 1-7). Belén estaba lleno de forasteros y lugareños. Finalmente, un posadero les permitió hospedarse en un establo, con los animales. Esa noche, un niño llamado Jesús nació para el mundo como gran regalo del amor de Dios. Así pues, Jesús nació de viaje, los ángeles cantaron gloria a Dios y los pastores alabaron a Dios (Lucas 2, 8-20).

Lo que encontramos en el prólogo del Evangelio de Juan es el viajar de Dios desde los cielos hacia la tierra: "Estaba viniendo al mundo la luz verdadera, que alumbra a todos " (Juan 1, 9). “El Verbo (logos) se hizo carne y puso su tienda (eskenosen) entre nosotros” (Juan 1,14). La PALABRA de Dios (d.bar Yahvé) simboliza la presencia de Dios activa en la creación, en las experiencias del viajar en éxodo de los israelitas y en las vidas de los profetas. Esta PALABRA se ha encarnado ahora en la persona de Jesucristo que es la personificación de la revelación divina: la presencia visible de Dios en la historia humana. Juan presenta el misterio de la Encarnación como un momento de ruptura de fronteras cuando lo divino se encuentra con lo humano, los cielos tocan tierra y lo sagrado se fusiona con lo profano.

Por lo tanto, podemos ver la Encarnación como la migración de Dios de los cielos a la tierra, a las periferias del universo, de lo sagrado a lo secular y de lo divino a nuestras vidas humanas fracturadas. El don del Enmanuel derroca así los sistemas que devalúan la materia, el cuerpo humano y las preocupaciones temporales. Cuando estamos abiertos a la revelación
permanente de Dios en nuestra vida cotidiana, de igual manera que la Palabra de Dios guio al pueblo de Israel y a los profetas, el don del Enmanuel despliega nuestras capacidades y nos lleva a plenitud de vida. La Navidad habla de relaciones duraderas, que conducen a los seres humanos a la comunión con Dios, con los demás y con el cosmos.

NAVIDAD Y CELEBRACIÓN

En línea con los temas de nuestro Capítulo General, la Navidad 2018 es un día especial para celebrar este misterio del Enmanuel, "Dios con nosotros". Jesús nos dice que Dios no quiere nada más que venir a vivir en nosotros, a cobrar vida en nuestras palabras y acciones en casa, en el trabajo, en los colegios y centros, en nuestras comunidades y parroquias. Y esto sucede. Hay seres humanos, mujeres y hombres de carne y hueso, en los cuales Dios está vivo de manera clara y luminosa. Muchos, especialmente los pobres y las personas solas han podido experimentar la presencia amorosa de Dios en San Damián de Molokai o en Santa Teresa de Calcuta. Todos nosotros podríamos nombrar personas de las que decir: "He visto a Dios en esta Hermana, en esta mujer o en este hombre". En su bondad, generosidad o valor, sabíamos que estábamos experimentando algo de Dios. Una sonrisa puede causar una gran diferencia en la vida de otro. El que da con alegría brinda alegría y paz. Una palabra amable puede llegar a muchas vidas y dar esperanza a nuestros semejantes. Un oído atento y un corazón acogedor pueden unir distancias y curar fracturas. Una actitud de perdón reconstruye familias y comunidades. Y entonces, las palabras de Santa María Eugenia, "El amor nunca dice: basta” se convierten en vida para nosotros: De esta manera, podemos celebrar la Navidad y hacer visible al Enmanuel como gracia transformadora del amor de Dios presente en nuestras comunidades y familias, en la iglesia y en el mundo.

Esto me recuerda al mandato dado a Josué: “Lo que yo te mando es que tengas valor y seas valiente. No tengas miedo ni te acobardes, que contigo está el Señor, tu Dios, en cualquier cosa que emprendas"(Josué 1, 9). Hermanas y amigos, ¡se nos invita también a ser más fuertes y valientes en el 2019! La Navidad del año 2018 es un día para dar alas a nuestros miedos interiores, celos, egoísmos, perezas, negatividad, a la tendencia a echar la culpa a los demás y a nuestra propia imagen de rectitud… pero para que puedan volar y alejarse de nosotros. Durante este tiempo santo de Navidad, pasemos de "estar impulsados por el miedo a ser configurados por el amor". Más adelante hablaré sobre esta trayectoria interior: la libertad interior y la verdadera alegría que brotan del interior. No sabemos qué nos deparará el 2019, pero una cosa sí sabemos: Dios está con nosotros y Dios nunca nos abandona. La Navidad 2018 es, por lo tanto, una oportunidad de oro para acoger este increíble amor de Dios y celebrar la realidad de su presencia en nuestras vidas personales, en la vida de nuestras comunidades y de nuestras familias. ¡Sí, el regalo de la Encarnación – de la presencia de Dios con nosotros - convierte cada día en una celebración de amor y de vida!

Deseo para todos una Navidad de Gracia abundante y un Año Nuevo lleno de bendiciones.

Rekha M. Chennattu, RA
Superiora General