Padre d´Alzon y la Madre María Eugenia

Con ocasión de la fiesta del nacimiento del padre d'Alzon, la hermana Cristina María, Religiosa de la Asunción, fue invitada por los padre de la Asunción a dar una conferencia sobre la relación entre el nuestros dos fundadores.

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ADVENIAT REGNUM TUUM - Religiosos de la AsuncióReligiosas de la Asunción

Hermanos,

Estar ante vosotros para recordar a nuestros fundadores es algo que me emociona profundamente. Este sentimiento me ha trabajado durante este tiempo dedicado a profundizar en el tema que es común para todos nosotros, para nuestras congregaciones. Y lo es porque se trata de una relación -la del Padre d´Alzon y la Madre María Eugenia- de la que han nacido nuestras dos Congregaciones. Una historia de 40 años de amistad, con sus búsquedas, su confianza mutua, sus luces y también, a veces, sus incomprensiones y sufrimientos.

Recordemos un poco a cada uno de nuestros Fundadores:

Empiezo por María Eugenia de Jesús porque es sin duda la menos conocida para vosotros de los dos fundadores.

Anne-Eugénie MILLERET nace en Metz el 25 de Agosto de 1817. La divisa de la familia: Nihil sine Fide, Nada sin la fe. Esta fe era la del ciclo de las luces, la de los filósofos, la de la razón que imperaba. Su padre era discípulo de Voltaire y Ana Eugenia estará marcada por esta influencia. Ella se presenta en una de sus cartas al P. Gros que será más tarde el superior eclesiástico de la Comunidad: Hija de una familia desgraciadamente incrédula, educada en una sociedad más incrédula aún, comprendí la desgracia cristianamente hablando, de la clase social a la que pertenecía y puedo decirle, Padre, que aún hoy este recuerdo es el más triste de mi vida.

Dos acontecimientos importantes de su vida que determinarán su vocación: Su primera comunión (1829) y su conversión (1836) Vamos a recordarlos dejándole hablar a ella misma:

            Hice mi primera comunión, más tarde de lo corriente, en la Iglesia de Santa Ségolène de Metz, en la Misa Mayor de las 10 el día de Navidad En mi primera comunión que hice sola y sin la preparación ordinaria, yo sentía tan profundamente como pude sentirlo después, una separación silenciosa de los que podían ser un vínculo para mí, para penetrar sola en la inmensidad de Aquel que poseía por primera vez. Estas cosas no pueden explicarse y no comprendo cómo tenía tanta alegría, porque amaba y admiraba tanto a mi madre que, en mi ingenuidad, creía que no podía morirseEn el instante en que recibí a Jesucristo, fue como si todo lo que había visto en la tierra, incluso mi madre, fuera una sombra pasajera, una apariencia fuera de la cual me salía enteramente y, en verdad, sentía más vínculos con sacerdotes desconocidos, los que estaban en esa Iglesia, que con mi familia y lo que me rodeaba entonces.

Gracia de la intimidad con Dios. Me parecía que mis ojos se cerraban a todo lo que había visto hasta entonces para abrirse a Aquel que era Único para mí. Perdida en mi Dios mi alma olvidaba el resto

Gracia, intuición y también una llamada: a dejar todo y a servir a la Iglesia. Perderás a tu madre, pero yo seré para ti más que una madre. Llegará un día en que abandonarás todo lo que amas para glorificarme y servir a esta Iglesia que no conocesFue la primera llamada de Dios a mi alma.

Mas tarde, en Cuaresma de 1836, asiste a las Conferencias de la catedral de Nuestra Señora de París con motivo de la Cuaresma. La gracia que recibe al escuchar al P. Lacordaire fue una gracia de iluminación y de conversión. Ella se preguntaba por el sentido de la existencia en este mundo, por el más allá, estaba en un momento de búsqueda profunda. La conferencia del P. Lacordaire la ilumina y la convierte: Su palabra respondía a todos mis interrogantesme infundía una generosidad nuevauna fe que ya nada haría vacilar Estaba realmente convertida y concebí el deseo de entregarme con todas mis fuerzas, mejor dicho con toda mi debilidad, a esa Iglesia que desde entonces y a mis ojos, tenía aquí abajo el secreto y el poder del bien. (Carta al P. Lacordaire)

En cuanto a Emmanuel d´Alzon vosotros lo conocéis mejor que yo. Nace en Vigan en 1810. La divisa de la familia: Deo dati, Dados a Dios, es una afirmación de fe. A los 28 años se encuentra por primera vez con Ana Eugenia en Chatenay. En ese momento, Ana Eugenia estaba en el convento de la Visitación de la Côte Saint André para conocer un poco la vida religiosa y la vida contemplativa (1838). Veremos más tarde una alusión a esta etapa de la vida de Madre María Eugenia.

Ana Eugenia y Enmanuel d´Alzon tienen un arraigo familiar, social, religioso y político diferente. De este primer encuentro - del que uno y otra nos han dejado el recuerdo -  nace una gran simpatía intelectual y una estima mutua.

* * *

El encuentro con el P. Combalot, Cuaresma 1837, en la Iglesia de Saint Eustache de París, va a orientar la vida de Ana Eugenia hacia una obra que, sin pensar en este camino para ella, va a ir madurando en ella “un pensamiento de celo”. Más tarde ella escribirá: “El pensamiento que ha presidido la fundación de esta obra es un pensamiento de celo que es el que ha determinado mi vocación. (Carta al P. Lacordaire) María Eugenia queda desde entonces con una definición inolvidable sobre la vida religiosa: la entrega de uno mismo a Dios para salvar a las almas.

En el momento de las dificultades con el Padre Combalot quien tuvo la intuición de la fundación y que estuvo al principio de la misma con las primeras hermanas como formador y confesor, la comunidad se queda sin su presencia (1837 de Marzo a Mayo 1841). María Eugenia obtiene la autorización para recurrir a otro sacerdote. Será el P. d´Alzon. Tras la marcha del P. Combalot, Ana Eugenia consulta muy a menudo al Padre d´Alzon a propósito de la redacción de las Constituciones: la expresión del carisma y de la espiritualidad de la Asunción. Basta recorrer la correspondencia recíproca entre 1842-1844.

El 14 de agosto de 1841 las primeras hermanas pronuncian sus primeros votos. A partir de entonces empieza la maduración de la obra. En los intercambios con el P. d´Alzon se va abriendo el espacio para una Congregación masculina (correspondencia entre 1844-45). Esta fundación la realiza el P. d´Alzon en 1845. Desde entonces se tratará de “nuestra doble Asunción”, de “nuestras dos Asunciones”. Vuestra obra, nuestra obra, la obra de Dios son expresiones que alternan en las relaciones entre la M. María Eugenia y el P. d´Alzon.

Intuiciones comunes, influencia recíproca… se van a suceder a lo largo del tiempo. En una carta a la M. Marie Gabrielle, superiora de Nimes, el P. d´Alzon, después de haber dado una conferencia a las novicias, contesta al agradecimiento que éstas le mostraron: Si he dado algo, también he recibido enormemente. Esta comunicación recíproca es la fuente de lo que he podido decir. En los Cévennes hemos comprado una pequeña finca donde hay dos riachuelos. Cada uno tiene un pequeño manantial que desemboca en un arroyo común. Cuando las aguas se mezclan ¿quién puede decir dónde está el verdadero origen del arroyo? (11 de Julio de 1871)

¿El verdadero origen del arroyo? ¿De dónde vienen las intuiciones? ¿La fuente? Reflexionando sobre su fundación uno y otra pueden decir, como lo hizo María Eugenia:

En la Asunción, todo es de J.C., todo pertenece a J.C. todo debe ser para J.C.(2 de mayo 1884)

No hay más que una piedra angular que es Jesucristo. Estamos edificados sobre Jesucristo (1º de agosto 1880)

Es lo que uno y otro fueron compartiendo.

* *  *

La primera vez que el Abbé d´Alzon encuentra a María Eugenia fue el 1838 en casa de la madre del P. Combalot. El P. d´Alzon escribe: “En 1838 el P. Combalot pasó unos días en casa de mi padre durante los cuales me habló mucho de su proyecto de fundar una nueva congregación religiosa para la enseñanza de niñas. Me dijo que había encontrado para esto a una joven como no habrá otra bajo el cielo: en tres meses aprendió latín, traducía a Virgilio de un modo asombroso y había escrito un tratado breve sobre la educación que era muy bueno. Que en Europa no había sin duda alguna otra mujer comparable. Os la presentaré, me decía, porque él la consideraba ya como su propiedad.” (Carta del P. d´Alzon a las hermanas de la Asunción en 1875) 

            Varias veces el P. Combalot me invitó a Chatenay, su casa, y allí es donde encontré por vez primera a la Señorita Eugénie, escribe el P. d´Alzon. Me decía: “Usted la sostendrá, la animará.” Fueron de peregrinación a una capilla un poco alejada en la montaña. María Eugenia cuenta este episodio en 1881 en el aniversario de la fundación. Durante esta época tuvieron diferentes encuentros y cada uno veía algo en el otro.

            María Eugenia en sus notas de recuerdos sobre el P. d´Alzon escribe: Sin abrirle mi conciencia en un encuentro tan fugitivo, sentí hacia él una gran estima y confianza. Y en cuanto al P. d´Alzon: Tuve varias conversaciones con ella que confirmaron cada vez más mi convicción de que había en ella todo lo necesario para una fundadora.

            El P. Combalot deja la comunidad el 3 de mayo de 1841. La Asunción se fundó en 1839 y los PP de la Asunción en 1845. La Congregación estará desde la marcha del P. Combalot bajo la dirección de un superior eclesiástico, el Abbé GROS. La situación de la comunidad era difícil y el P. d´Alzon será testigo de un caminar en estas circunstancias, un momento de fe. MME pasa por lo que ella llamó“la noche de mi inteligencia”.

 

 

Sus puntos de referencia:

  • Dios: El ser de Dios, “una devoción metafísica, dirá ella, nacida en su primera comunión: Dios inmenso, Amor, Santidad, Verdad… Dios me ha amado, buscado, rescatado, impulsado…”
  • La Encarnación: Dios cercano, un gran deseo de ofrenda de sí misma para dejar que Dios se encarne en ella dejándose en todo conducir por El.
  • La Iglesia descubierta en su conversión, la única que poseía el secreto y la ciencia del bien.
  • La Fe fruto de una larga bú Fe descubierta, Fe conquistada. Don gratuito, certeza profunda.
  • Un pensamiento social que le viene de su medio familiar abierto en diálogo con muchas corrientes filosóficas, artísticas…
  • Una obra, la educación: Síntesis de la cultura y de la fe, expresión del espíritu social cristiano. La correspondencia abunda en expresiones como “proyectos de celo”, notas sobre el futuro, intercambio sobre las decisiones que habría que tomar. Nombra a Buchez, Boulland, “L´Européen”, Lamennais y su “Ensayo sobre la Indiferencia”, L´Avenir… Le choca el poco compromiso de ciertos católicos en los que ella pensaba “encontrar apóstoles y no encontré más que hombres”.

¿La obra? Nuestro pensamiento sobre esta obra y sus principales reglas es muy sencilla. Habíamos experimentado que lo que las mujeres adquieren como instrucción es por regla general muy superficial, sin utilidad para sus hijos y sin conexión con su fe contra la cual se revuelven normalmente sus estudios en caso de que los prolonguen Nuestro proyecto no es la controversia sino la fe que actúa, que domina tanto el juicio, el gusto como los afectos.

Su trabajo sobre la educación, Consejos sobre la educación recoge todos estos pensamientos (MME).

 

  • El Reino: A esta gran orientación un fundamento: El deseo del Reino.

Un texto del P. d´Alzon del 15 de agosto de 1843:

     

      Lo que le decía a vuestras hermanas del triunfo del Nuestro Señor y que me parece que debe aplicarse a este tiempo, me ha llamado la atención. ¿Qué piensa? Viene primero como a refugiarse en el alma de aquellos a los que ama, como para protegerse de sus perseguidores, y luego se sirve de ellos como de un medio para hacer que triunfe su causa. De ahí resulta para sus discípulos la doble obligación de establecer el Reino dentro y fuera de ellos mismos.

 

Al finalizar este año 1843, el 13 de diciembre, el P. d´Alzon escribe:

     

      Me reprocha el no acercar bastante a sus hijas a María. Creo que tiene razón. Me parece que las hijas de la Asunción deben tener como fin su glorificación unida a la glorificación de María fruto de la formación de Jesús en ella. Este pensamiento de San Gregorio de Nacianzo que las vírgenes son las madres de Jesucristo, me llama mucho la atención con relación a vuestra obra destinada a formar como María el Cuerpo Místico del Salvador. Es una encarnación permanente la que debe operarse en vosotras y por vosotras, imitando a María que forma a Jesús en ella mientras que lo lleva en su seno, y lo forma para el mundo cuando lo trae al mundo. Este pensamiento me ha llamado mucho la atención. ¿Lo encuentra justo?

 

A través de preguntas y respuestas, confidencias y sugerencias, sentimos ya la relación, las intuiciones comunes, la concordancia en los pensamientos. Las cartas del P. d´Alzon a MME de esta época has desaparecido robadas o destruídas, cree MME “por alguien que se quedó poco tiempo con nosotras y que hubiera querido hacerla sufrir”. Es una gran laguna para la Historia.

 

En la educación

 

Podemos recorrer algunos textos sobre la educación que nos hacen ver esta unidad de pensamiento, esa unidad de mirada entre los dos.

 

MME (1844):

Recuerde lo que le he dicho en otra ocasión: La mayoría de los católicos me parece que no son como yo y mi fe sufriría si fuese necesario renunciar a ciertas maneras de comprender

 

Un hecho cierto es que cuanto más avanzo, menos simpatía tengo por los sacerdotes y laicos piadosos; encuentro que no comprenden, que no sienten. Su corazón no late por nada de abierto (large) y encuentro mil veces más fácil entenderme con un hombre del mundo y de expresarle claramente mi pensamiento.

 

Veo un desarrollo y una rehabilitación moral necesaria en este mundo; tengo la intuición de una correlación exacta entre esta necesidad y la acción del catolicismo tal como lo concibo… Veo efectos generales contradictorios a los bienes que deseo en lo que piensan muchos católicos, en la manera de ver las mismas realidades. Las cosas son tan coherentes para mí que veo que si tal principio se modificara me parece que no podría realizar el bien.

 

Y en el momento de la “noche de su inteligencia” escribirá: Estas ideas me han dado fuerzas y no podía ver a N.S. más que aportando al mundo una ley cuyos efectos serían tales que no he sabido explicárselos… Llevo tan dentro la ley cristiana mientras he creído en ella. Es probable que me haya equivocado pero ¿es mi culpa si no tengo más amor?

 

Su fe a través de las tinieblas saluda la aurora que llegará: la regeneración terrestre de la humanidad por la palabra de Jesucristo y la humilde y perseverante oración por el Reino.

 

Al recibir el libro de Lamennais, “Voix de prison”, escribe María Eugenia: No es posible en el fondo que la regeneración terrestre de la humanidad, de su ley social no venga de la palabra de Jesucristo.

 

Con relación al P. d´Alzon vosotros conocéis mejor sus palabras. El 27 de abril de 1844 el P. d´Alzon va a iniciar un pensionado de chicos y le pide consejos a MME sobre la formación del personal.

Al ver la ambición de algunos hombres de Iglesia decide crear una comunidad religiosa y renuncia a todo cargo eclesiástico para dedicarse a la formación de dicha comunidad. En un mar de confusiones interiores pero con la certeza de que debe crear esa comunidad -Dieu le sait- prosigue el camino.

            MME, 5 agosto 1844: Desde que hemos fundado esta obra y sobre todo desde que he sentido más fuerte que nuestro espíritu no se parecía en nada al de los religiosos y religiosas, he deseado con un ardor creciente que Dios suscite en su Iglesia Ordenes de hombres de un espíritu semejante… para dar a los jóvenes cristianos y sobre todo a los sacerdotes jóvenes, un espíritu más fuerte, más abierto, más inteligente, más cristiano en un sentido y, sobre todo, más noble y más libre también.

 

En el fondo, ¿qué debe aportar la educación?

 

Lo que falta en Francia hoy son Ordenes religiosas relacionadas con los caracteres, los espíritus y, yo diría incluso, las fuerzas físicas de nuestro tiempo…       

Está claro que para usted como para mí, el desarrollo no está en la cantidad de cosas aprendidas es, si así puedo decir, la apertura (l´agrandissement) de la inteligencia y del carácter en la posesión de la verdad más que una ciencia más amplia presente bajo muchos aspectos. Voy a servirme de expresiones impropias pero no tengo tiempo para más. ¿Qué es lo que amplia el carácter y la inteligencia en el estudio; qué es lo que une todas las cosas aprendidas, les sirve de finalidad, de unión, de razón: en un sentido es una filosofía, en otro, más amplio, es una pasión. Pero qué pasión dar a los religiosos: la de la fe, la del amor, la de la realización de la ley de Cristo.

 

El 16 de Agosto 1844, el P. d´Alzon responde a María Eugenia:

 

Entro perfectamente en vuestra manera de ver con relación a lo que llama filosofía y pasión de Cristo de las Ordenes religiosas. Mi pasión sería la manifestación del Hombre-Dios y la divinización de la humanidad por Jesucristo, y esta sería también mi filosofía.

 

* * *

 

Siguiendo la correspondencia, en el 1845 sigue la reflexión sobre nuestra obra, su obra… La colaboración va creciendo y profundizándose en la vida de las dos Congregaciones. 

 

En Abril, el P. d´Alzon viene a París, se quedará cinco meses. De sus memorias:

 

“Desde el 20 de Abril de 1845 hasta primeros de septiembre, iba casi todos los días a celebrar Mira al Convento de la Asunción, situado en esa época en el Impasse des Vignes. Después de la Misa pasaba bastante tiempo con la Superiora, ya fuera para preparar el Reglamento de la Tercera Orden, ya fuera para releer las Constituciones de las Religiosas a para hablar de las disposiciones que tomaríamos para la orden de hombres”.

 

En Mayo el P. d´Alzon predica un retiro a las hermanas que hablan de la fuerza que tenía su palabra… “Pero sabía bajar de las alturas y su palabra se convertía en una charla sencilla.”

 

Entre los dos existió una profunda ayuda espiritual y una unión ante Dios. A través de esta ayuda espiritual es como se puede seguir la historia de cada uno.

A lo largo del años 1845, Maria Eugenia deja madurar en ella, en medio de las luchas, el proyecto de un voto de obediencia al P. d´Alzon. Pronunciado en 1845 será renovado en 1846 y en 1852. El P. d´Alzon responderá en 1846 y 1854 con el voto de dedicarse a la santificación de Mª Eugenia. En un texto del 31 de marzo de 1845 leemos: “Ya hablaremos en París del voto de obediencia que me quiere hacer. Me impresiona aceptarlo de una religiosa. Me parece tomar algo de lo que no le pertenece, pero hablaremos extensamente de ello.”

Y un poco más tarde María Eugenia precisa su espíritu:

            “Creo que la voluntad de Dios en el voto que le he hecho, es que sea para mí una relación de dependencia, de humildad, de sacrificio, de fe, de amor. Siempre me ha sido difícil amar a mis superiores. Sin embargo Dios quiere que deposite en alguna parte la confianza filial que debo a su orientación, esa relación filial que hace gritar ¡Padre! Desde lo hondo que un corazón que confía, y que si falta, me cuesta creer en su bondad… (20 de mayo 1845)

Lo que ambos desean con este voto es que sea un compromiso de santificación.

Hubo otros muchos momentos en los que ambos tuvieron grandes confidencias y tuvieron que apoyarse uno y otra. Vamos a recordar uno más sabiendo que no podemos hacerlos todos: en torno a la elaboración de las Constituciones. Elijo este para mantenerme en la relación entre los dos fundadores. Otros momentos fueron los que no solamente se vivieron entre nuestros fundadores sino también los que tuvieron lugar entre las diferentes congregaciones de la Asunción. En todos ellos el diálogo, la confianza, el respeto, la búsqueda de la verdad… fueron manteniendo la unidad de la familia. En esos momentos, creo poder decir que la unidad, la comunión orientaron las decisiones necesarias para el bien de todos y el crecimiento de cada una de nuestras Congregaciones.

 

La elaboración de las Constituciones de nuestra Congregación.

Durante este tiempo de trabajo sobre las Constituciones los dos fundadores mantuvieron una relación de confianza, cercanía y amistad. Hay toda una correspondencia que es testigo de ello

María Eugenia, antes de la fundación y para conocer la vida religiosa que desconocía por completo, vivió durante un año en el Monasterio de la Visitación en la Côte Saint André. De ahí que las primeras constituciones estén inspiradas en la de las Visitandinas.  El P. Combalot había hecho una larga Introducción a las Constituciones pues se trataba de hacerse reconocer por la autoridad eclesiástica. Esta Introducción es un tratado de Teología y Espiritualidad de la vida religiosa.

 

Durante los años 1841-43 hay toda una correspondencia entre los dos fundadores. La M. María Eugenia pensaba que la Congregación no estaba lo suficientemente establecida para expresar cómo comprendía ella nuestro fin: una vida contemplativa iluminada por los estudios religiosos y principio de una vida activa de fe, de celo, de libertad de espíritu. El Misterio de la Encarnación es el centro de la espiritualidad con la mirada fija en Jesucristo, adorador y salvador, y María como la persona humana más revestida de Jesucristo.

 

            El P. d´Alzon viene a París y comparte con María Eugenia sus dificultades a expresar el fin del Instituto, con todas sus exigencias tal como ella las comprende. Le impulsa a decir quiénes somos y lo que hay de fundamental en la obra, en la confianza de que la Congregación no se desarrollará por los medios materiales sino por el espíritu evangélico que se vea en ella. La pobreza que desea imprimir en la Congregación no es una palabra vana sino la que sería testigo de la sencillez, el espíritu de fe y de despojo de las propias ideas para dejar que se impriman las de Jesucristo. A esta gran orientación, un fundamento: el deseo del Reino

 

En las Constituciones está definido el fin de la Congregación fundada para la enseñanza y la educación, como respuesta a la necesidad del momento, y para la oración. Las primeras hermanas hicieron sus primeros votos en 1841 según estas constituciones esperando tener el texto definitivo. El texto definitivo tardó muchos años en llegar. Mediaron 50 años de diálogo con la Iglesia, de correcciones, de ajustes… hasta recibir su aprobación definitiva en 1888. Los puntos más difíciles para ser aceptadas estaban en el Oficio Divino, los Estudios de las hermanas, la dimensión Monástica para una Congregación de vida activa y exigió mucho discernimiento para definir el Proyecto de Congregación con esa doble finalidad: apostólica y contemplativa. Hasta su aprobación definitiva, el trabajo en las Constituciones mantuvo a María Eugenia en una actitud de apertura a Dios completa. Fue el trabajo de toda una vida.

 

Hay frases de estos años de fundación que hablan de esta relación entre María Eugenia y Enmanuel d´Alzon:

Sueño con esta obra y deseo vuestro viaje a París para hablar de la obra. En nuestra obra…(MME 8 de enero de 1845)

Tengo el corazón singularmente dilatado por usted y por toda vuestra obra. Me parece que es un poco mía (MME 31 de marzo 1845)

No pienso en este momento más que en vuestros profesores, en vuestros asuntos y el Buen Dios en medio de todo. (MME 22 de septiembre 1845)

Entre usted y yo está Nuestro Señor. Le doy gracias todos los días de habernos hecho suyos juntos y de habernos acercado de tal manera que esto sea, así lo espero, para siempre. ( P. d´Alzon 30 de noviembre 1845)

 

En agosto de 1843, el P. d´Alzon va a Paris. Las hermanas están instaladas en el Impasse des Vignes, les predica un retiro a la comunidad y, en ese momento -dirá más tarde en una comunidad- hace que la Congregación adopte la divisa Adveniat Regnum  Tuum, divisa que el P. d´Alzon tomará más tarde para su congregación.

 

1845: Toda la correspondencia de este año se articula en torno a estas dos expresiones empleadas por uno y otra: votre oeuvre, notre oeuvre, y expresa la ayuda mutua a diferentes niveles: la vida espiritual, las cuestiones económicas, las vocaciones, los alumnos a conseguir y los profesores, el espíritu de la educación…

 

Si yo soy el Padre de vuestra Asunción ¿no es usted la madre de la mía?­ O más bien, ¿no son nuestras las dos en este sentido que son de Jesucristo que es quien nos las ha confiado? (26 de septiembre 1845)

 

La obra de las Constituciones fue el trabajo de toda una vida para María Eugenia y para su fiel hermana Sor Thérèse Emmanuel. En 1888 se vota en Roma el Decreto de Aprobación de las primeras Constituciones (18 de marzo de 1888). María Eugenia va a Roma a recibirlo de manos del Santo Padre. Sor Thérèse Emmanuel no pudo acompañarla en su viaje a Roma por encontrarse muy enferma en Cannes. A su regreso de Roma, la M.Madre María Eugenia se detuvo en Cannes para entregar a Sor Thérèse Enmanuel el Decreto de Aprobación de las Constituciones fruto de esos 50 años de trabajo juntas. Se las entregó el 30 de abril de 1888, Aniversario de la Fundación de la Congregación, tres días antes de su muerte. Momento extremadamente emotivo para las dos.

Las primeras Constituciones fueron retrabajadas en diferentes Capítulos generales posteriores sin grandes modificaciones. La Aprobación del texto actual data del 9 de febrero de 1983, Aniversario de la Beatificación de M. María Eugenia de Jesús.

 

Hemos hablado de dos momentos especialmente importantes en la relación de nuestras dos Congregaciones. En realidad ha sido toda una Historia tejida de comunicación, de afecto fraterno, de búsquedas, de fidelidad a la Iglesia, de deseo de trabajar por el Reino de las cinco familias de la Asunción. No nos queda más que la acción de gracias y continuar el camino en el mismo espíritu que tuvieron nuestros fundadores.