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Creado en Lunes, 02 Enero 2012 16:57
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Escrito por Mercedes Méndez Siliuto
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Uniéndose a la más genuina tradición espiritual, Santa Mª Eugenia enuncia con una terminología propia, un elemento central de la espiritualidad cristiana; la simplificación[i].
El desprendimiento, según Santa Mª Eugenia[ii], vendría a ser la respuesta del ser humano a la experiencia de la bondad de Dios antes descrita, basado en la fe en la bondad infinita de Dios [C. 19.5.78-TF 477-478]. Es la radical certeza de que el ser humano puede recibir de Él todo lo que necesita para desarrollarse como persona, y lo que es más, alcanzar su verdadera identidad no centrada en sí misma y en su compleja pluralidad, sino referida a Dios en la sencilla unidad. Por ello, es necesario descentrarse de uno mismo y del propio amor, para poder alcanzar la unificación en el amor de Dios que quiere morar en el corazón humano[iii].
Es gozoso porque realiza el verdadero fin del ser humano: la vida en Dios; aunque en muchos momentos ese bien no se perciba ni comprenda, por ello debe estar anclado en la esperanza. Esta virtud teologal hace del desprendimiento gozoso una disposición que permite vivir cualquier circunstancia anclados en la certeza de que todo concurre al bien [C. 19.5.78-TF 478-480]. El desprendimiento gozoso se convierte así un medio por el cual en lugar de detenernos en lamentos, que no sirven para nada, somos impulsados a dedicar el tiempo en “llenarnos de verdad, de amor y en trabajar en el servicio de N. S.” [C. 19.5.78-TF 478].
Santa Mª Eugenia considera esta actitud o medio espiritual como un antídoto contra uno de los grandes males de nuestro tiempo: “el de replegarse siempre en sí mismo”, consecuencia del pecado original, porque en el origen, el ser humano no necesitaba desprenderse de sí mismo para estar en comunión con Dios [C. 19.5.78-TF 480-481]. El desprendimiento gozoso es una renuncia a “todo lo que viene del yo, (y) todo lo que vuelve a él” [CE-TF 536]. Es una forma de focalizar las energías para el servicio del Reino y no perder el tiempo en preocupaciones egoístas [C. 19.5.78-TF 480-481]. Esta disposición nos ayuda a llevar una vida en la que todas las acciones son dirigidas a Dios “nuestro fin eterno”[iv], y que realiza la divisa de “Solo Dios” [C. 29.9.1872].[v]
Este elemento aporta la alegría que debería caracterizar a las Religiosas de la Asunción; alegría de compartir el gozo de Cristo resucitado, tras haber compartido los sufrimientos de su pasión, como lo realizó María en su vida, hasta llegar al gozo colmado de la Asunción[vi]. Desde esta orientación, hasta la cruz puede ser vivida con “buen humor”, como donación en el amor[vii].
[i] Muchos autores hacen de la sencillez la esencia de la experiencia mística, por la concurrencia de esta característica en todas las tradiciones. En las diferentes religiones, el misterio es creído y comprendido como simple y unitario, por ello, sólo es posible relacionarse con él desde la simplicidad. Bastantes autores consideran el desprendimiento de todo lo que no es Dios, la manera de alcanzar esa simplicidad. Si el desprendimiento obra la unidad, la simplicidad, la absolutez…, la radicalidad del desprendimiento es la medida de la unidad y la simplicidad. De este modo, todo el ser interviene en la experiencia mística, pero desde una forma esencial, desde una maravillosa unificación que lo pacifica. Cf. J. MartínVelasco, El fenómeno místico, 335-341.
[ii] Tal como lo expresa Santa Mª Eugenia no se encuentra en ningún autor espiritual, hasta lo que hemos podido leer y conocer, pero como acabamos de afirmar, su contenido está presente en muchas doctrinas espirituales, algunas de las cuales pudieron influir en ella: Escuela agustiniana, Renano-Flamenca, Francesa y carmelitana.
[iii] “Il faut, pour l’esprit de l’Assomption, un grand dégagement de soi-même. Il faut ne chercher que Dieu, ne vouloir que Dieu et son service, ne chercher que sa loi, son empire, ne chercher que lui dans les âmes, lui dans notre vie, lui dans tous nos rapports avec le prochain. Pour cela, il faut être fortes, il faut s’élever sincèrement au-dessus de soi-même, non pas d’une élévation vaine, mais de cette élévation qui fait passer au-dessus de toutes les choses humaines, quitter toute recherche propre.” [C. 3.2.78-TF 409. Id. C. 19.5.78-TF 477; L. VII, 1555].
[iv] “Laissons sous nos pieds les choses basses, petites, secondaires, pour nous élever sans cesse vers Dieu, nous occuper de Dieu, chercher Dieu, voir Dieu, raconter Dieu, aimer Dieu, l’atteindre enfin par ce dégagement saint et joyeux” [C. 19.5.78-TF 481].
[v] Su diario espiritual y muchas de sus cartas al padre d’Alzon [L. VII, 1556; 1557], nos revelan el largo camino de conversión que tuvo que recorrer Santa Mª Eugenia para llegar a esta simplificación y unificación en Dios, para lo cual se sirvió de este elemento, ya que su ego, a pesar suyo, ocupaba mucho espacio. Esta confesión, lejos de dañar nuestra imagen de ella y de su proceso de S., estimula nuestra esperanza de creer que el camino es posible.
[vi] “Je continuerai ce que j’ai commencé à vous dire sur l’esprit de l’Assomption, car ce que j’ai à traiter aujourd’hui convient parfaitement, il me semble, au mystère de la Résurrection, qui, d’ailleurs, s’accorde bien avec notre esprit. L’Assomption est en quelque sorte une résurrection. C’est la vie de Marie commencée dans le ciel. Cela nous enseigne que notre vie doit toujours avoir une teinte de joie, même dans le sacrifice et dans les efforts que nous avons à faire sur nous-mêmes. Quelquefois on est brisée, mais la manière dont nous devons tâcher de tout surmonter doit être plutôt du ciel que de la terre.” [C. 21.4.78-TF 454].
[vii] “Nous devons vivre de bonne grâce, de bonne humeur, de bon cœur avec nos épines. Il faut que nous leur fassions bon visage.” [C. 19.8.81-TF 506]. “Oh! que la liberté de l'amour me rend joyeuse tout en rendant quelquefois ma fidélité plus sérieuse.” [L. VII, 1592].