La vida en comunidad
- Detalles
- Creado en Lunes, 02 Enero 2012 17:03
- Escrito por Mercedes Méndez Siliuto
- Visitas: 124
El ideal comunitario de Santa Mª Eugenia está expresado en la primera frase de la Regla de san Agustín, que a su vez nos refiere al ideal comunitario que san Lucas nos ha dejado en los Hechos de los Apóstoles (Hch 4,32): “Ante todo, amemos a Dios y amemos al prójimo como a nosotros mismos”
[RAg Prólogo-TF 553]. Santa Mª Eugenia afirma que quien une a los miembros de la comunidad es el Espíritu derramado en sus corazones, esa ley de caridad que no es otra que la de Jesucristo [Const. 40,30-TF 178-181]. La característica que debe reinar entre las hermanas es el amor, como ya hemos visto en el apartado dedicado a la caridad, por esta razón no redundo en este aspecto que es el fundamento teológico-espiritual de la vida de la comunidad, para detenerme en la realización comunitaria del camino de S. De nuevo este proceso de perfección se entiende como crecimiento en el amor[i] y por ello, la comunidad se convierte en una escuela del amor evangélico[ii]. Detengámonos en los tiempos, espacios y modos en que la comunidad puede ayudar a sus miembros a crecer en el amor.
El recreo es un elemento importante para la vida comunitaria, era un tiempo para la conversación “sosegada y alegre”, por ello se debían evitar temas que apasionasen y que suscitasen acaloradas discusiones que terminasen por crear división en lugar de comunión[iii]. Se trataba de que las conversaciones fuesen edificantes espiritualmente[iv]. En ellos se “recordaba” la “presencia de Dios”, diciendo alguna frase de la Sagrada Escritura o de algún santo [Const. 40,13-TF 153]; era una manera de reconducir la conversación a temas que ayudasen a la vida espiritual[v].
El momento semanal de formación comunitaria se conocía con el nombre de Capítulo, era una instrucción que la superiora dirigía a las hermanas todos los domingos, para el “bien espiritual de sus almas y para una más perfecta observancia de la Regla”[vi]; también era un momento de reconciliación y de tratar juntas los asuntos prácticos de la casa [Const. 40,17-TF 157-158]. Los Capítulos eran momentos en donde la comunidad, reunida en nombre del Señor, crea y unifica el pensamiento, por ello la asistencia es un deber [Const. 44,18-TF 236].
Las Constituciones también indicaban la forma y los medios para realizar la corrección fraterna, que debía ser observada con “afable caridad”, y siguiendo los modos del mandato evangélico[vii] (Mt 18,15-17). La corrección fraterna es un medio para salvaguardar “la observancia de la Regla” [Const. 44,17-TF 234] y crecer en humildad. La murmuración es “la ruina de las comunidades” por ello Santa Mª Eugenia no duda en proponer que se llegue a expulsar a la murmuradora incorregible [Const. 66,10-TF 298]. El capítulo de la Modestia, en las diferentes Constituciones, nos aporta los medios que propone Santa Mª Eugenia para vivir las relaciones fraternas, pues no sólo trata de la compostura personal que se debe tener, también propone bastantes elementos que afectan a la fraternidad, porque influyen en la manera de relacionarse[viii]. La modestia surge del respeto a la presencia de Dios [Const. 44,15-TF 228]. Aunque muchas de los medios y formas para vivirla esbozan una sonrisa en nuestro rostro, hay bastantes cosas interesantes en estos consejos: la exhortación a mantener “suave y amable cordialidad” en nuestras relaciones, tratándonos con “afectuosa sencillez”; evitar murmurar o mantener conversaciones de curiosidad desedificante entre las hermanas, y menos con la gente de fuera; ejecutar los quehaceres diarios con tranquilidad, usar palabras amables, evitar los ruidos, las risas y expresiones afectivas exageradas[ix]. Gracias a la modestia podemos tratar de la misma manera a todas las personas, independientemente de su condición social o sus características personales[x].
La animación comunitaria también tiene su importancia[xi], como hemos tenido ocasión de profundizar en el voto de obediencia, la superiora tiene la misión de salvaguardar la regularidad de la comunidad y la fidelidad al carisma [Const. 40,22-TF 166]; garantizar “la unidad de un mismo espíritu y de una misma enseñanza” [Const. 44,20-TF 237]. Es la encargada sobre todo de hacer crecer “en la virtud y en la S.” [Const. 44,22-TF 241].[xii]
Toda la comunidad, y no solo los individuos que la forman, están llamados a la S., en cuanto ofrece a sus miembros una estructura y unos medios para vivir el propio crecimiento espiritual, pero también porque en ella debe surgir el estímulo y la mutua edificación. Si consideramos el fin del grupo la realización de la vocación creacional: alabar y servir a Dios, el objetivo común coincide con el personal: la Sa







