Nuestra espiritualidad consiste en "vivir del espíritu de la Iglesia". Apasionadas por el Evangelio y por su época, santa Mª Eugenia de Jesús dió a una nueva congregación apostólica los elementos fundamentales de la experiencia espiritual de las grandes çordenes religiosas y de los santos de todos los tiempos.
Su "única mirada fija en Jesucristo y en la extensión del Reino" determina aún hoy, nuestra forma de vida: una vida contemplativa sustentada por el silencio, el oficio divino, la oración, origen y fuerza de nuestro celo apostólico y misionero.
La Encarnación, misterio que diviniza al ser humano y reconcilia todas las cosas en Cristo, es la base de nuestra espiritualidad persona y de nuestra acción educativa.
Llamadas a hacer la misma experiencia espiritual que hizo santa Mª Eugenia y las generaciones que la siguieron, somo responsables de este don para nosotras mismas y para el mundo.
María, la Madre de Jesús, está presente en nuestro camino de fe. En ella, hija de nuestra raza, descubrimos la capacidad de amor de la mujer. En María todo fue adoración. Se dejó invadir progresivamente por la Vida Trinitaria hasta el momento en que la gloria del Señor estalló en su debilidad en el misterio de la Asunción.
En la Asunción todo procede de Jesucristo, todo pertenece a Jesucristo y todo tiene que ser para Jesucristo.
Con Él y en Él, gloria al Padre
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El misterio de la Asunción
Santa Mª Eugenia vincula los misterios marianos a los cristológicos, pues ambos muestran el mismo camino de santidad humana que se desarrolla desde el abajamiento a la exaltación, por ello considera la Asunción como una Resurrección[i].
Fuentes de Nuestra Espiritualidad
Los maestros de vida espiritual narran sus experiencias desde un universo simbólico determinado, condicionado por el ambiente socio-cultural-religioso del que forman parte, y por ello les configura.
