En el surco del ayer, la semilla del mañana

Fe y amor a la Verdad

Created: Monday, 02 January 2012

No cabe duda que este elemento guarda una estrecha relación con la adoración de los derechos de Dios, y en cierta manera podemos afirmar que se trata de dos formas de nombrar una misma virtud teológica desde dos ángulos diferentes.

La adoración de los derechos de Dios, considerada junto a la dimensión que comenzamos a desarrollar, es una combinación de fe y amor, pues el primer derecho de Dios es el de ser escuchado cuando habla, Palabra que el ser humano debe recibir con fe y amor[i].

La fe en Santa Mª Eugenia tiene un fuerte componente intelectual, por ello, muchas veces la une al amor, para darle una dimensión más afectiva. Considera la fe como un don, una “virtud sobrenatural”, que nos ha sido comunicada en el bautismo, y que sólo se desarrollará desde la aceptación libre de la voluntad del ser humano que responde aceptando este don y desplegándolo en su vida [C. 3.3.78-TF 423]. La fe debe envolver la existencia como si se tratase de una atmósfera que penetra todos los dinamismos de nuestro vivir[ii]; se refiere muchas veces a esta realidad con la expresión “espíritu de fe” [L. VII, 1556].

Dios ha dado al ser humano facultades por las cuales puede conocer ciertas verdades sobre “el orden natural, sobre el hombre, sobre sus relaciones con Dios…” pero con mucho esfuerzo y no carentes de error, prueba de ello, según Santa Mª Eugenia, son muchas corrientes filosóficas que no han alcanzado sino el error; los creyentes tenemos acceso libre a la verdad, por medio de la revelación[iii].

Siendo justos con la lógica que sigue Santa Mª Eugenia en la exposición de su doctrina, llegados a este punto, debemos insertar un fragmento cristológico, porque si el primer derecho de Dios es ser escuchado cuando habla, su Palabra definitiva ha sido pronunciada en su Hijo [C. 3.3.78-TF 421-428]. Jesús ha venido al mundo a revelar la verdad “para enseñarnos todo lo que necesitamos conocer y practicar”; por ello, Jesucristo es reconocido como “la Verdad misma” [iv], que nos revela el misterio de Dios, del ser humano y del cosmos. Verdad, que por la unión de las personas divinas, es el mismo Dios Trinidad, que ha dejado el depósito de esta revelación a su Iglesia, para que ella continúa la propagación del “Reino de la Verdad” en el mundo[v]. Éste es el fundamento teológico de la necesidad de una educación cristiana, porque sólo la instrucción basada en esta Verdad será capaz de regenerar la sociedad[vi]. 

Santa Mª Eugenia afirma la presencia del Verbo en su Palabra, desde el misterio de la Encarnación; de esta certeza surge el amor respetuoso a la Biblia y el deseo de estudiarla, Él nos habla en ella, tanto en el NT como en el AT, y por su entrega nos ha dado también la fuerza de vivir su enseñanza[vii]. Santa Mª Eugenia nos invita a amar la Palabra, que debe ser escuchada y guardada en el corazón, como lo hizo María, de manera que nos dejemos penetrar y transformar por ella[viii]. Relaciona la presencia de Jesús en el pan de la Eucaristía, con su presencia en el pan de la Palabra[ix].

La Verdad, en cuanto identificada con la divinidad, debe ser amada y conocida[x], darla a conocer y hacerla amar, es “uno de los signos que debemos tener impresos en el alma” [C. 10.2.78-TF 411]. La Verdad es un sello que se imprime en nuestro corazón por la fe recibida en el bautismo[xi], y que se va desarrollando poco a poco hasta que toda la vida se configure en la Verdad y para la Verdad, o dicho de otra manera, en Cristo y para Cristo; porque el amor a la Verdad es una realidad que al penetrar transforma, encarnándose en el alma[xii]. Este proceso de transformación dura toda la vida, y no se realizará plenamente hasta la vida eterna, cuando seamos plenamente “iluminados”, porque la vida eterna es el conocimiento de Dios[xiii], aunque podemos gozarla de forma parcial, ya en esta tierra por la “fe y el amor a la Verdad”.



[i] “Selon ma faible manière de concevoir, le premier droit de Dieu est d’être cru lorsqu’il parle, et le premier devoir de l’homme est de recevoir la parole de Dieu avec un profond respect et une grande foi. […] Nous devons répondre par l’adoration et l’amour à la parole par laquelle Dieu se fait connaître.” [C. 3.3.78-TF 421].

[ii] “La foi, c’est le premier caractère de l’esprit de l’Assomption. […] Pour être vraies filles de l’Assomption, il faut que notre foi soit ferme, ardente, qu’elle anime toutes nos pensées, toutes nos œuvres, tous nos rapports au-dehors et au-dedans et qu’elle devienne l’atmosphère de nos âmes.” [C. 3.3.78-TF 422-423].

[iii] “La foi donne plus d’intelligence encore que la vieillesse” [CE-TF 534. Id. C. 3.3.78-TF 421-428]. En la doctrina de Santa Mª Eugenia descubrimos la centralidad de la Verdad de la revelación y de la fe, y la afirmación de su racionalidad y del conocimiento cierto que alcanzamos a través de ella. Percibimos en estas enseñanzas la influencia de las escuelas agustiniana y dominicana, y de las instrucciones del padre Combalot.

[iv] Sólo en Cristo se llegará a la plena verdad tanto absoluta como relativa. La razón, sin la iluminación de la fe, llegará sólo a percibir un número reducido de verdades de orden natural, sin alcanzar las razones más profundas del cosmos y del ser humano: “naturaleza del hombre, su origen, sus deberes y su destino”, y a Dios como origen de todo ello. [C. 3.3.78-TF 421-428].

[v] “Remarques que c’est dans la vérité que Dieu, Père, Fils et Saint-Esprit se communiquent à la terre, et c’est par l’Église que nous recevons cette vérité”. [C. 10.2.78-TF 411] 

[vi] “La seule science qu’il y ait au monde pour vous, comme pour tout chrétien vraiment régénéré par la grâce, c’est la science de Jésus-Christ, connu selon tout ce qu’il est. L’Eglise seule le fait connaître pleinement, c’est-à-dire autant qu’il puisse être connu ici-bas” [IC-TF 77. Id. L. VIII, 1627].

[vii] “Il y a un autre endroit où l’on trouve notre Seigneur, c’est sa parole. Quand Jésus-Christ s’est revêtu d’une chair mortelle, il s’est montré homme comme les autres hommes; de même quand il a parlé, il a revêtu son verbe d’une forme qui demeure: c’est le saint Évangile. Aimez beaucoup le saint Évangile” [C. 5.5.78-TF 466-467].

[viii] “Chercher toujours dans le saint Évangile la règle et le modèle de nos pensées, de nos paroles, de nos actes, afin de nous unir de plus en plus à notre Seigneur et de le laisser vivre en nous, agir en nous, régner en nous beaucoup plus que nous-mêmes.” [C. 14.12.73-TF 500-501. Id. C. 3.3.78-TF 425-426].

[ix] “Il y a un autre endroit où l’on trouve notre Seigneur, c’est sa parole. […] Deux tables sont placées dans les trésors de l’Église, dit l’Imitation: l’une est la table de l’autel sacré sur lequel repose un pain sanctifié, c’est-à-dire le corps précieux de Jésus-Christ ; l’autre est la table de la loi divine qui contient la doctrine sainte, qui enseigne la vraie foi” [C. 5.5.78-TF 466-467].

[x] “La vérité est l’objet propre de toutes les ardeurs de notre adoration et de notre amour” [C. 10.3.78-TF 428].

[xi] “C’est dans le cœur que se forme la foi qui fait les justes; tâchons de nous embraser d’amour pour la vérité divine.” [C. 3.3.78-TF 423]. “Voyez comment ce caractère de la foi est le caractère propre de notre esprit, comment il doit agir sur notre vie, transformer notre intelligence, remplir nos affections et nous donner vis-à-vis de Dieu un amour nouveau.” [C. 3.3.78-TF 427].

[xii] “Vous devez la méditer avec une si grande attention et un si profond respect, qu’elle s’incarne en quelque sorte dans votre vie.” [C. 3.3.78-TF 427]. En esta misma Instrucción, san Agustín es presentado como ejemplo de buscador y amante de la Verdad, del esfuerzo que cuesta conquistarla y de cómo nos tenemos que dejar transformar por ella. Esta doctrina refleja sin duda la conversión de Santa Mª Eugenia acaecida en Notre Dame, y que como hemos tenido ocasión de profundizar, describe como una experiencia en la que la “gracia” fue a su “encuentro”, y el contenido de la revelación, predicado por el padre Lacordaire, “completaba” su inteligencia. Era el momento en que descubría esta Verdad, que irá conociendo y amando a lo largo de su vida. [L. VI, 1501-TF 101].

[xiii] “Le prélude de l’éternité, c’est de croire davantage en Dieu et en notre Seigneur Jésus-Christ. Lui-même nous l’enseigne: La vie éternelle, dit-il, c’est de vous connaître, ô mon Dieu, et celui que vous avez envoyé (Jn. 17,3). Jésus-Christ est l’envoyé du Père céleste: le connaître davantage, c’est posséder déjà en ce monde la connaissance de la vie éternelle”. [C. 3.3.78-TF 425-428].

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